El camino hacia un acabado similar al de producción comienza con una preparación meticulosa de la superficie. Para las piezas que provienen directamente de procesos como el mecanizado CNC o la impresión 3D, los pasos iniciales como el tamboreo o el lijado manual se utilizan para eliminar marcas de herramienta, líneas de capa y otras imperfecciones. El arenado es un método altamente eficaz para crear una textura superficial uniforme y mate que imita el acabado “tal como se moldea” o “tal como se funde” de los componentes producidos en masa, ocultando eficazmente pequeños defectos y proporcionando una excelente base para recubrimientos posteriores.
Para prototipos destinados a simular plásticos moldeados por inyección, lograr la textura superficial correcta es fundamental. En la colada de uretano, el acabado superficial es una réplica directa del patrón maestro. Al aplicar una textura específica (por ejemplo, grano tipo cuero, punteado o mate) al patrón maestro mediante grabado químico o grabado láser, esta textura se transfiere perfectamente al molde de silicona y posteriormente a cada pieza colada de uretano. Esto permite que los prototipos de bajo volumen posean exactamente las mismas cualidades táctiles y visuales de superficie que las piezas producidas en grandes volúmenes.
La aplicación del color final y de la capa protectora es el punto en el que los prototipos convergen visualmente con la intención de producción. La pintura permite una igualación precisa del color y la aplicación de capas base y capas transparentes para lograr un acabado profundo y brillante. El recubrimiento en polvo proporciona una capa más gruesa, duradera y uniforme, altamente resistente a astillamientos y desgaste, ideal para prototipos funcionales y componentes de uso final. Para piezas metálicas, el anodizado (o su variante decorativa, el anodizado por arco) crea una capa de óxido dura, integral y apta para teñido, indistinguible del acabado utilizado en las fundiciones a presión de aluminio producidas en masa.
La estética va más allá de la superficie de una sola pieza. La validación estética completa suele incluir el ensamblaje de múltiples componentes para comprobar el ajuste y el acabado en las uniones e interfaces. El paso final es una inspección visual rigurosa bajo iluminación controlada, comparando con los estándares de color de producción y muestras maestras. Este flujo de trabajo integral de postprocesado garantiza que el prototipo no solo sea representativo desde el punto de vista funcional, sino también un modelo visualmente preciso para la aprobación de las partes interesadas y las pruebas de mercado.